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Noticia
Publicado: 22/02/2012 a las 14:15 horas
Seccion: Nuestros pueblos

Los Molinos de Torremocha

Hace muchos años, como en casi todos los pueblos de nuestra Mancomunidad, existían unos molinos que servían para moler y así extraer la harina para el consumo de las necesidades cotidianas. Estaban situados en las orillas de los ríos. Encauzada el agua, su fuerza presionaba a una rueda, normalmente de piedra, esta giraba sobre un torno, la cual molía el cereal colocado debajo de ella y se convertía en la harina.

Los años fueron pasando y las nuevas costumbres terminaron con los molinos de harina, para quedar olvidados como recuerdos en el paisaje. En Torremocha están ubicados entre encinas, alcornoques, castaños, pinos y grandes canchales más el correr de las aguas del rio Salor, lo que forman un bello paisaje, conocido por todas las generaciones de Torremochanos como: "Los Molinos", que forman un nombre propio en la identidad de todos.

De "Los Molinos", todos tenemos unos recuerdos que nos acompañarán a lo largo de nuestras vidas. Recuerdos con alegrías, con secretos y también con nostalgias, porque los recordaremos en su estado natural, quiero decir antes de hacerse el pantano. Las vivencias en este paraje tan bonito y querido, que describo en este manifiesto, son muy parecidas en el sentir de cada uno de los Torremochanos y Torremochanas, en la época que a cada uno le correspondió vivir, por lo que os pido que recordéis las vuestras cuando lo leáis.

En los finales de los años cincuenta y principios de los sesenta mi generación tiene una estrecha relación y complicidad con el entorno. Cualquier época del año era buena y un motivo para estar en "Los Molinos", aunque algunas veces, cuando se enteraban, había algún castigo paterno por haber ido sin permiso.

El salir del pueblo todos los amigos juntos ya era un motivo de alegría, porque los motivos y la rutina, siempre inocente, eran las mismas. En el camino había una cerca, de Irene, con una puerta de chapa a la cual todos tirábamos una piedra, al cabo de los años la puerta estaba doblada y casi tapada, todavía hoy, apostadas en el mismo sitio, guardan nuestras huellas de juventud. Esto lo recordaran bien: Rafael Merino, Antonio Sánchez, Santiago Morgado, Antonio Gómez, Santos Márquez, Juan León y otros, amigos de vivencias con el autor de este escrito.

Fuimos pioneros en nudismo, todavía no había llegado nuestra pubertad. En la época estival era el único sitio donde nos podíamos bañar, sin permiso, claro. Como avanzaba el verano y las aguas, del rio Salor, iban bajando de caudal, buscábamos nuestras piscinas naturales por este orden: El Charco los Pozos, la Silleta y el Charco Cordero, hoy tapado por las aguas del pantano. La mayoría aprendimos a nadar en estos charcos y algunos sufrimos algún accidente, yo me abrí la cabeza en este último. Recuerdo en tercero de Bachillerato que el profesor estaba organizando el campamento de verano, cuando nos pregunto a Antonio Gómez y a mí, éramos compañeros de colegio, le dijimos con cierta picardía que nos íbamos a Torremolinos, por lo de Torremocha y los Molinos, los demás compañeros nos miraban con envidia sana, en aquellos años no veraneaba mucha gente y Torremolinos solo estaba en las películas, nuestro pensamiento estaba en pasar el verano con los amigos de siempre y los baños en "Los Molinos" presumiendo de bañadores, porque nos había llegado la pubertad.

Era nuestro paraíso, teníamos de todo, siempre con nuestra inocencia, si nos apetecía comer naranjas, pues íbamos a "La Huerta de los Naranjos" eso sí, algunas veces teníamos que correr del guarda, Tío Ignacio, o comer: castañas, piñones, en los pinos de Tío Modesto. Jugar en la Cueva de Tío Tripaverde, algunos no se atrevía a entrar. Fumar nuestros primeros "Cigarrillos Ideales". Nuestro primer amor; a la vista y platónico. Descubrir  nuevos paisajes: Un día, haciendo esto con los amigos mencionados, nos encontramos con un carnero que se había caído entre dos canchales, llevaba días, lo sacamos con mucha dificultad, le dimos de comer y beber durante un rato hasta que se repuso, nos sentimos orgullosos de aquel acto, éramos unos niños, hoy todavía lo recuerdo con orgullo. El dueño, Domingo Morgado, lo había dado por desaparecido y mostro mucho agradecimiento haciéndoselo saber a nuestros padres. Estos se sintieron orgullos, porque otras veces tenían motivos para estar disgustados con nosotros.

Pasan los años y me sigue gustando ir a "Los Molinos", pasear por los sitios de siempre, porque respiro nuestra identidad, aunque estén cambiados mis recuerdos no lo notan. Veo a mis amigos chapoteando en el agua, riendo,  jugando. Oigo las voces de mis padres, ¡¡sabíamos que algún día te iba a pasar algo en esos Molinos!!. Comiendo la "merendilla", con las amigas y amigos. El olor a menta poleo. Al balido del carnero que salvamos la vida. El croar de las ranas al atardecer. El olor a cieno después del baño. Los amigos que seguimos siendo amigos, que maravilla, vamos con nuestras novias, luego con nuestras mujeres e hijos y le explicamos las vivencias y se nos iluminan los ojos y se nos alegra el alma, porque este paraje no tiene solamente nombre propio, también tiene apellido: "Recuerdos", que nunca se podrán olvidar, como ser de Torremocha.

Por último, como responsable municipal, os pido a todos que conservemos y respetemos este entorno mucho mejor de cómo lo hemos hecho hasta ahora, para que "Los Molinos", sigan teniendo nombre y apellido para todas generaciones futuras de Torremochanos y Torremochanas.

( Jesús Sanguino Galán )

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